Ego ergo sum
Performance y videocreación, 29 min 28 s
Benahavís (Málaga), bosque quemado 2012
Ego ergo sum —»Yo, por tanto, soy»— subvierte el célebre cogito cartesiano al desplazar el fundamento del ser desde el pensamiento a la exposición radical del cuerpo, al dolor de la pérdida, a la afirmación que nace de la vulnerabilidad y del gesto destructor.
Acompañada por música tradicional armenia, la acción se convierte en una metáfora visual de la lucha por despojarse de la imagen impuesta, por deshacer al ego para poder existir desde otra raíz, si es que esto es posible…






Sobre la performance
Tercera y última acción de la Trilogía del Poder, Ego ergo sum aborda la relación entre identidad, memoria y destrucción del yo. Realizada en un bosque calcinado, la performance sitúa al artista ante una escultura que reproduce su propia imagen en posición de crucifixión. Lo que comienza como un gesto de creación —lijar, esculpir— se revela como un proceso de lenta devastación. La acción, ejecutada en silencio, atravesada por música tradicional armenia, se convierte en un ritual de purga: el artista destruye su doble, su imagen sacralizada, en un intento de emancipación simbólica del yo que ha sido moldeado por el dolor, la historia y el exilio.
En su conjunto, esta performance cierra la trilogía con una meditación sobre el poder último: el poder sobre uno mismo, sobre la imagen que nos constituye y nos aliena. Pero ese poder, como los anteriores, también conlleva su destrucción.
Series y colecciones
Exploración de la práctica artística de Tony Samelian articulada en torno a sus principales líneas de producción: obra pictórica, performance y videocreación e instalaciones.


